La paja de trigo colorado es la principal materia prima con la que se elaboran las cuelchas para chupallas. Esta variedad de trigo es considerada de bajo rendimiento comercial comparada con las actuales especies de trigo, que se usan para la producción masiva de granos para la alimentación.
Esta tradición familiar tiene como principales exponentes a las familias que se encuentran en el secano costero de la provincia del Itata, región de Ñuble, principalmente, en las comunas de Quirihue, Portezuelo, San Nicolás, Ninhue, Coelemu y Treguaco.
Si bien, la conservación del trigo colorado pareciera tener aún un manejo y un control en ciertos sectores por parte de sus exponentes, la situación en el territorio del secano costero del Itata se ha vuelto preocupante, producto no sólo de la degradación de los suelos, la sequía y la falta de agua, sino además por una serie de elementos que están afectando o colocando en condición de riesgo este oficio artesanal. Un primer factor agresor o amenaza directa para la continuidad y/o conservación de esta materia prima es el avance de las plantaciones forestales presentes en el territorio: “Hoy día lo mantenemos los pequeños parceleritos que están quedando de nuestras tierritas, donde nosotros no hemos cedido a las forestales que compren nuestras tierritas, porque queremos mantener en el tiempo nuestra tradición” (Florencio Fernández, colchandero, 1° diciembre 2017).
Esta expansión progresiva, explican la alerta de los habitantes de estas comunidades rurales del secano costero del Valle del Itata. Sus preocupaciones no se refieren única y exclusivamente a la sostenibilidad del trigo colorado, cuestión que han logrado mantener por siglos, sino que están relacionadas con el peligro inminente de los incendios forestales que ocurren regularmente cada año y que amenazan cada vez más sus hogares, sus campos, sus fuentes de trabajo y su vida.
En efecto, la expansión de los monocultivos forestales se acerca cada vez más a sus espacios residenciales y productivos, lo que es directamente proporcional al riesgo de ser víctimas de estos incendios.
La materia prima se encuentra en las localidades de Quinchamalí y Santa Cruz de Cuca, ubicadas a 32 km al surponiente de la ciudad de Chillán. Las mayores referentes de esta tradición son las alfareras de Quinchamalí, agrupadas en la Unión de Artesanos de Quinchamalí. No obstante, las alfareras de Santa Cruz de Cuca, aunque menos renombradas, son igualmente importantes dentro de la producción y calidad alfarera ñublensina, con un pasado histórico y familiar común.
De hecho, el reciente ingreso a la lista de Salvaguardia Urgente de Unesco, en noviembre de 2022, es un hito que expresa el compromiso irrestricto del Estado por implementar las acciones necesarias para respaldar la labor de ambas comunidades, sin distinción de localidades.
En un grupo focal llevado a cabo el año 2018, las artesanas nos explicaron detalladamente las grandes dificultades que han tenido y tienen para obtener la greda. Dentro de los factores agresores podemos señalar el libre acceso a los espacios, vetas o minas para la recolección de la greda. Las artesanas más antiguas del grupo relataron cómo eran los procesos extractivos de greda en el pasado, donde las dificultades para acceder y extraer, generalmente estaban dadas por problemas de salud, de edad, dificultad del terreno para llegar a una buena veta o mina o, si lograban conseguir apoyo de algún tercero con transporte, generalmente con una carretela a caballo o una carreta con bueyes.
Respecto de otras materias primas asociadas al oficio, también se señala que la disponibilidad de la leña de álamo, como materia prima combustible, es cada vez más escasa en el sector. El guano de vacuno y caballo también se ha vuelto más escaso, debido a que el uso de tracción animal prácticamente ha desaparecido en las localidades rurales y el mantenimiento del ganado se ha encarecido producto de la limitada superficie de praderas y aguas de calidad.
Otro de los factores riesgo, está relacionado con los problemas de salud que afectan a las alfareras, principalmente al proceso relacionado con la quema de la greda. Las artesanas señalan que algunas de ellas y familiares han debido abandonar el oficio por problemas respiratorios derivados de inhalación en la quema de paja de arroz para cocer la greda.
Finalmente, otra condición que está afectando negativamente es el peligro constante de incendios forestales que cada verano afrontan las poblaciones de Santa Cruz de Cuca y Quinchamalí. En febrero de 2023, los incendios que afectaron la zona centro sur del país, mantuvieron a estas localidades en alerta.
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